ODA A UN JUGUETE ROTO

 


Desperté de la tormenta, jadeando junto al mar y allí encrespada la vi, desatando el temporal


No dejó nada de mí y jurando la olvidé para después desvelar, 

que jamás nunca amaré    


Amarás mi todo más no el alma, pues quemadita quedó.

Tras el paso de su cuerpo, llena de rabia murió 


Sin esa luz de sus ojos, solos quedaron mis labios 

Sedientos de lengua dulce, sequitos y envenenados


Te juro terrible espectro, que con besos cuidaré, 

los besos que me regalen de mi cabeza a mis pies


Pero que nunca mi alma volverá ya a amanecer, aunque aparezca el amor, antes de mi atardecer


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