UNA TRAVESÍA DE ENSUEÑO




¿QUIERES QUE VEAMOS LA MÍA? 




Ambos se vieron en el barco y se miraban de soslayo, durante la maniobra que los adentraba en el mar.No podían apartar una mirada que les inmovilizaba y les dejaba húmedos a la vez. 
Esos ojos intensos, esa piel morena y esos rasgos de diosa totonaca, le volvían loco. 
Con un gesto discreto, pero claro en su propósito, se tumbó en una hamaca y esperó que el hiciera lo mismo.Mi camarote no es muy lindo… tal vez el tuyo si lo es.Pues la verdad, dijo el, aún no lo he visto.De verdad que me acompañarías? 
Con esa sonrisa picarona y preciosa, le contestó: estoy convencida, de que me va a gustar. 
Pasa por favor, le dijo él con la corrección de un Caballero…Mmmmm, es convencional pero me gusta su olor… pero, ¿cabrás en la cama, no es pequeñísima?
No lo podía creer de sí mismo, pero se puso como una amapola y ella lo notó con evidente satisfacción. 
Pero reaccionó rápida con otra pregunta importante… ¿quieres que veamos la mía?.El hombretón tembló como una hojita y aceptó su invitación, mientras tragaba el nudo de su garganta. 
Entra por favor, solicitó la dama… ¿que te parece? 
Pues la verdad, que es tan chiquitita como la mía, pero creo que lo importante es que quepas tú… Lo que dijo ella después, le dejó muerto… se acababan de conocer! 
Podemos hacer el amor echando el colchón al suelo… ¿no te gusta la idea? 
El, todavía siguió sin reaccionar, mientras la observaba dirigirse al baño y dejar la puerta entreabierta. 
Guillermo, vienes?... te quiero enseñar el baño y su amplia ducha. Entró con ella y rozaron sus cuerpos por primera vez… la sensación, indescriptible. 
Si me esperas por favor, voy a darme un baño y luego nos vamos a explorar el barco. 
De acuerdo, dijo él… 
Miraba la puerta entreabierta, sin duda a propósito, mientras oía caer las finas gotas de agua sobre ese cuerpo que imaginaba hermosísimo… sudaba, pero no le parecía adecuado entrar a donde no había sido invitado.Pero el espejo, reflejaba parte de la anatomía de la Dama y no pudo resistirse. 
Veronique, ¿ te apetece una rascadita en la espalda? 
Mmmm… me encantaría, creía que no me lo ibas a pedir nunca, contestó sonriente y nerviosa. 
Sin despojarse únicamente de su prenda interior, penetró en el baño y su corazón se volteó como si le hubieran dado una patada.Estaba de frente, provocativa, con un gesto de deseo y de ganas de un buen rato de intensa y desmedida lujuria.Sin embargo y después de ponerlo a mil, se volteó para ofrecer su espalda a esa prometedora rascadita. 
El sudaba… sus dedos temblaban al pasar rozando esa piel nacarada y húmeda, mientras el aroma perfumado adormecía sus sentidos. 
Lo que empezó con los dedos, continuó con suaves besos en las orejitas, en la nuca y en ese precioso cuello.De pronto, el vaivén inesperado de un culete que se movía a derecha e izquierda y que era una clara insinuación del deseo de Veronique. 
El estaba azarado y desbordado, pero entendió el mensaje a la perfección cuando notó que ella hacía por retirarle su ropa, tras percatarse del "formidable regalo" que traía su amigo. 
De inmediato se sintió abrazada por detrás, acariciada, pellizcadas sus hermosas tetas y apretada contra su cuerpo mientras encontraba su lenguita y aquella vulva en la que entró con una fuerza inusitada, hasta conseguir que esa Dama al principio resuelta y dominante, se extremeciera y se derritiera entre sus brazos mientras empujaba una y otra vez sobre las nalgas, para llenarla de miel y  comerla toda. 
Aún ambos jadeantes, le dijo: Sabes Guillermo, me gustó jugar contigo… son 10 días de travesía… repetiremos? 
Me encantará, dijo mientras sentía sus pechos bajo las grandes y aún temblorosas manos y algún resto de miel resbalaba entre sus muslos… Con un beso rico y profundo, supieron que jamás se olvidarán. 










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