UN DELICIOSO JUGUETE
SU SEXO ES MI DESEO
Acabo de entrar en tu apartamento... está silencioso.
Has dejado la puerta entreabierta y tu imagen en mi mente, me invita a un cosquilleo lujurioso.
Penetro al pasillo, en medio de un silencio absoluto y un olor muy sensual a sándalo.
Son las primeras horas de la mañana y por ello me dirijo hacia tu cuarto.
Mi corazón estalla en pedazos, al ver ese cuerpo desnudo, boca abajo, una piel bronceada y unos relieves musculares tan potentes como estimulantes...
El pensar que bajo su pelvis está ese delicioso juguete que me excita, desorbita mis sentidos y revoluciona todo mi ser.
Suavemente, me siento en la cama muy cerquita de tu cuerpo, para llenarme de ti y fijarme en ese hermoso cabello ensortijado bajo la nuca.
Y volví a escuchar al frotarlos, el sonido de tus suaves cabellos.
Y vuelvo a oír mil picardías, en derredor de ese tierno lóbulo de tu oreja.
Y volví a recordar tus iris y tu lasciva mirada, en esos ojos cerrados.
Y vuelvo a ver tu lengua, en esa boca entreabierta, que siempre busca ansiosa la mía.
Y de repente, tus caderas y piernas que amagan voltearse y que solo te provocan un dulce sobresalto.
Y una vez más de repente, descubro un pequeñito Casper tatuado sobre tu nalga izquierda, que me llena de una ternura que contrasta con ese cuerpo de gladiador invencible.
Y sin tregua me puse a sudar, cuando el gladiador hizo unos deliciosos gemidos y se volteó para devorar a la hembra con sus ojos.
Esos ojos, que con un rápido y desperezador parpadeo, desnudó a una Diosa que de un plumazo le humedeció todo mientras insalivaba de placer.
Aquel, que la puso sobre si con violencia sutil y...
...que acercó su carita a ese pene que pedía clemencia, mientras deseaba ser tallado por tus dulces labios de fresa.
...que acarició esos otros juguetes ovoidales, tan suaves y calentitos.
... que dio libertad a su lengua para medir y palpar la textura de tu sexo.
... que te produjo mil contracciones mientras dulce jadeabas.
... que le pides "ven a mi" cuando ya más nada pudiste.
Y que acabó volteandola para convertirse en el mejor domador y el más convincente de los jinetes, mientras rozaba el clítoris suavemente, en un delicioso e imparable entrar y salir que los llevó agotados a ese sueño que les descubrió la hermosa realidad vivida.
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