MAS Y MAS...NO PARES!!
TE SENTI ANOCHE, ENTRE BRUMAS Y CALENTURA
Recuerdo cuando entre brumas y calentura, sentía que te acercabas a mi...
Una mano cálida descendía sobre mi húmeda frente, mientras que tus labios se posaban en los míos para sentir rico, pero también para confirmar esa fiebre elevada.
Sigo recordando entre brumas, que fuiste a por agua muy fría y una esponja.
La embebiste en agua helada y recorriste frente, mejillas, cuello y mi cabeza toda, hasta sentirme como una aturdida sirena rodeada de un mundo marino casi irreal.
Deliciosas y a la vez heladoras gotas, resbalaban hacia mi pecho mientras deseaba que pararán... pues eran como cristales puntiagudos que desgarraban mis costillas.
De pronto, esa esponja rozó los puntiagudos y temblorosos botoncitos de mis pechos... quise más y más, sin medida... ¡no pares! , le dije.
Ya no me hería ese agua helada, dejaron de temblar esos pezones que pidieron tus labios bien cerca y dulcemente suaves.
Penetraron en tu boca y dejé de sentirme mal... tus incisivos, tu lengua y su traviesa punta, jugaban mientras los rozaba primero y después los mordía hasta casi desfallecer llena de lujuria y deseo.
La seguiste deslizando hacia unas ardientes ingles...había que enfriarlas para no sucumbir en los infiernos de un lucifer nada erótico.
Nuevamente unas perlas heladas y juguetonas, resbalaron entre ambos labios mayores, para mostrar el camino a quien nunca olvidaría recorrerlo.
Un escalofrío y un nuevo ataque de lujuria, llevó a mi cuidador a entender que sus manos y sus dedos índice y corazón, querían acariciar aquel fruto húmedo y sensible.Nuevamente en el sopor febril, recuerdo que talló su medida, mientras palpaba su exquisita humedad entre yemas inquietas... y siguió durante veinticinco interminables minutos, hasta implorarle penetrar en los abismos de mi alma infernal.
Finalmente y entre convulsas pero no febriles sacudidas de mis caderas, miles de dedos fuertes e interminables profundizaron en mis deseos de lujuria y extrajeron un fluido cristalino, que acabó bañando su lengua como las furiosas olas de una galerna.
Minutos después yacía lánguida, fresquita y suave como agua de un maravilloso y eterno manantial al que ya ambos, desearemos volver una y mil veces más.
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