UN TROTE INAGOTABLE
...Y UN ROCE FURTIVO

El
la rozó furtivo...inesperado como un instante de viento suave.
Tumbados
vientre con espalda, aquel escalofrío abrió su interior como un
fogonazo.
De
su vertiginosa silueta desnuda, destacaba aquella negra y mínima
lencería.
Deshecho
ya de la suya, las ágiles manos jugaban con su cálida piel.
Dedos
que de pronto insinuaban quitar y de seguido cubrían de nuevo.
Manos
que empujaban la suave fibra de sus caderas y las cubrían
después.
Dedos
que se hundían en sus pélvicas carnes, hasta abrir camino y
penetrar.
Y
atravesado aquél portón inexpugnable y de acariciadora humedad, le
toca morir.
Y muere, porque se esconden sus orejitas entre dientes y una lengua jadeante.
Y
muere, porque siente sus dulces pechos bajo las palmas de sus manos.
Y
muere porque la ve agitar su deseo y montar ágil su caballo ganador.
Ese
caballo que... trota lento con ella y se alegra con un pequeño
galope.
Ese
corcél que...desmelenándose brioso y veloz, queda atrasado y
recupera terreno.
Ese
que empezando potrillo y doctorado por su Dama, fue por siempre y será para siempre su inmortal seductor.
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