ARMAS DE MUJER



ENGULLIDO EN LA OSCURIDAD DE LA SALA 



Su mirada era seria, aunque dibujaba una ligera mueca burlona y sexy.
La mía, la propia de un ser desbordado por un deseo imposible de sugerirle nada picante, a riesgo de añadir un rojo bermellón a mis mejillas, un profuso sudor a mis pliegues o un temblor incapaz de disimular.
Me desnudaba hermosa, con su cabello bien trenzado sobre un hombro que anticipaba suavidad y redondeces exquisitas.

Acabábamos de comer y yo sabía que me deseaba enterito a sus pies.
Inevitablemente, sus ojos buscaban el interior de mi boca, como quien sueña comer el bombón más delicioso...una vez más, y otra...y otraaaa...hasta desear su lengua, un minuto antes de que devorara la mía.
No pude más y le dije temeroso...¿no te apetece venir a mi apartamento?
Te invito a una siesta que no olvidarás, o al menos intentaré que así sea y repitas!...dije con asombro por mis palabras...
Su piel bronceada, esos grandes y expresivos ojos, esa nariz de diseño y esa boca de película, estallaron al unísono ante tan inesperada sugerencia...
Siiii, pero me dejarás que tome el mando o serás como todos...aquí te pillo, aquí te mato?
Te dejaréee, le dije con la suficiencia y el desparpajo que nunca he tenido...
Pero antes de ir..., te apetece ver una peli?

Llegamos al cine y la película poseía un tinte erótico indiscutible y brutal...el protagonista sube a un precioso y bien decorado apartamento, es empujado hasta caer en la cama y desnudado con la agilidad de una pluma de escritor avezado en descripciones sobre erotismo subido de tono.
La oscuridad de la Sala, la escasez de público y lo apartado de nuestros asientos hicieron el resto, cuando sentí que mi mano derecha entraba bajo la escotada camisa...la testosterona burbujeó en mis capilares al notar que las copas del sujetador habían sido bajadas conscientemente y con alevosía, para ofrecerme dos botones perlados que anhelaban ser enhebrados por mi hasta entonces tímida lengua.
Comí los pezones hasta casi sentirme frente a las puertas de ese túnel postmortem, mientras ella deslizaba su mano para desabotonar mi pantalón y descubrir lo que con esa mueca picarona quería.
Lo enhebró también entre sus dedos, hasta conseguir humedecerlo en su extremo...se escondió entre mis piernas y le ofreció esa lengua carnosa y húmeda que lo deglutió una y otra vez en su garganta, hasta límites imposibles para mí.
Necesitaba que parara, antes de explotar y sucumbir como un castillo de naipes, cuando la observé moverse sinuosa y traviesa, hasta sentarse de espaldas a mí...
Hirvió y se coaguló mi sangre, cuando capturó a ese antes orgulloso e invencible soldado que segundos antes pedía a gritos...¡no máaaas!, para ahora endulzarse de miel y morir en silencio ante la capacidad de fuego exhibido por aquellas increíbles armas de mujer.
Nadie se dió cuenta...unos cuerpos calientes, habían jugado a desearse y habían alcanzado la gloria, con el simple roce de su piel.

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