EL PODER DEL DESEO


TEMBLOROSO Y FRAGIL ANTE ELLA


Subí las escaleras nervioso, porque sabía que me observaba con ojitos de deseo.
Me dispuse a retirar la toalla azul que me cubría para el ansiado baño, cuando noté una respiración rápida junto a esa mínima rayita de la puerta.
Sabía que era ella...sí, esa ratita que acariciaba su cuerpo mientras escrutaba mi piel milímetro a milímetro.
Dejé la cortina entreabierta, mientras el agua me acariciaba.
Multitud de aromas y mil sensaciones mezcladas con toneladas de deseo, se
entremezclaron entre ambos.
No se atrevía a entrar, por miedo a ser inoportuna o tal vez demasiado débil
para entregarse.
Una mujer orgullosa sin duda, que sabía que nunca se entregaría a cualquier precio.
La llamé, casi con un susurro...era lo único que salía de una garganta que ansiaba
recorrer su anatomía y tocarla todita.
Entró temblorosa y nos fundimos en un abrazo sutil, mágico y suave.
En ese momento, se tornó poderosa y me dominó sin tregua hasta dejarme tumbado 
sobre la bañera, tras agitarme como el viento huracanado de la más terrible y a la vez 
poderosa galerna.
Nunca olvidaré lo que experimentaron mis manos, mientras acariciaron montes 
y valles hermosos, hasta que el más violento de los torrentes barrió cualquier atisbo
de imaginación y lo convirtió en la realidad de un lecho suavecito y cálido.

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