AMOR, DONDE ESTÁS?


ENCONTRARTE, PARA AMARTE CON MIMO



La tarde, terminó en ese corral ya oscuro de tu Reino.
Tras los hermosos árboles, se observaba aún un rayito de luz.
Dormitaba sobre la cálida chezlong, cuando te percibí ausente.
Te busqué y busqué, hasta conseguir preocuparme y te hallé por fin bella y esbelta, cual diosa afrodita.
Dormías hermosa, sobre el lecho del siempre luminoso ático.
Con sumo cuidado, me acerqué para palpar la suavidad de tu hálito y observé esa prenda abotonada de vivos colores.
Imaginé y traduje la voluptuosidad de tus formas.
Tembloroso, fuí desabrochando botón a botón, hasta perder las fuerzas.
El primero dilató mis pupilas y el segundo humedeció mi frente.
Los siguientes descabalgaron mi tembloroso corazón y dieron magia a mis dedos, para descubrir montes y valles de suaves laderas.
Mi ser inhaló tu perfume, mi boca se acercó y selló tu boca, mis labios bajaron los delicados tirantes, mi nariz penetró bajo las ribeteadas copas... 
Percibí y mordí los eniestos y puntiagudos dulces, mientras acariciaba el ombliguito y hallaba el monte de mis deseos.
Jadeante y sin tregua, abriste los ojos y tomaste las riendas de este ser desbocado.
Una pizca de miel se desbordó en torrente, mientras tu cuerpo se estiraba y ensortijaba en una hermosa y sutil danza.
Claudicados mis sentidos , me vacié y fallecí en tí. .

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