BUSCANDO AL EROS DE LAS PROFUNDIDADES

LA PICARA SIRENITA
Acudió al Gymnasio como siempre, con ánimo de llenar su vida con la potencia y las hermosas cabriolas que desarrollan la hembra del Stenella Longirostris o la propia gran Orca.
Lucas, un trabajador del centro, llevaba prendado hacía meses de la esbelta y bronceada ondina...pero siempre trataba de pasar desapercibido, para que no lo notara.
Siempre se le indicó, que no debía intimar con los clientes y mucho menos con bañistas tan vistosas y elegantes, como la que nos trae.
Pero el problema fue, que nuestra Esther Williams de las profundidades, se echó al agua con el pensamiento de surcar los 50 metros de piscina, para encontrar a ese Dios particular de los Abismos que le otorgara un maravilloso deseo.
Al no encontrarlo a su salida, oteó el entorno para intentar escapar de nuevo de esa monotonía triste, que la atenazaba cada día.
Y se dió cuenta, que estaba entreabierta la puerta de uno de los jacuzzis... deliberadamente el joven trabajador, había aprovechado la ya inexistente clientela y se había enfundado una diminuta toalla, para aprovechar unos minutos de un inadvertido relax.
Cuando quiso intentar ser consciente de lo que ocurría, sintió la epidermis fresca de aquella Diosa marina, quien le susurraba al oído palabras de amor mientras acariciaba su sexo como la más dulce de las delicatessens...
El tiempo y los problemas de ambos, se detuvieron como se detiene una locomotora enfurecida al llegar a un puente destruido.Sus mundos se pararon y fue la mezcla de aromas de ambrosía y lavanda, la antesala a otro mundo de erotismo sutil e indescriptible que dilató sus pupilas para coincidir en una mirada que ya no les ha sido posible olvidar.
Una vez a la semana, esas pupilas que se les contraen a la par de un adorable cosquilleo, derivan en una nueva reacción química que los deja exhaustos pero a la vez ansiosos de una nueva inmersión entre simas y espolones de viejos galeotes.
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