Mientras tomaba un refresco, noté que me miraba y aquello me perturbaba.
Pretendí esquivar su mirada, pero en el siguiente minuto, el asedio era mayor.
Quería evitar sus ojos, pero ellos enfocaban los míos como drogadictos dependientes.
Mientras alguien crecía a borbotones en mi interior, deseaba por momentos tenerla cerca para tocarla y asegurarme de que era real.
Me atraganté y tosí cuando observé que con su mano derecha, hacía ademán de acariciar ese precioso amanecer de un escote, que abría deliberadamente y sin pudor.Me sobresalté cuando la misma mano, moldeaba e hizo resaltar bajo su camisa la redondez y voluptuosidad de un seno.
Bebió con enorme glamour su taza de café, para de seguido y para mi sorpresa, dejar de mirarme... y hasta pareció ignorar mi presencia.
Cuando empecé a sentirme a salvo...una vez más y con alevosía..., avasalló mi integridad con picantes y descarados movimientos de piernas, que estremecieron y humedecieron mis adentros.Si no me levantaba de inmediato, la imaginaría dirigiéndose hacia mí, con la altivez y el glamour de una Diosa depredadora.
Flaqueé...no me moví un ápice...y la sentí introducirse muy adentro hasta convertir ese mástil del que tan orgulloso me sentía, en un proyecto chorreante que acabó intentando encontrar bajo la tela vaquera un lugar donde poder perder y proteger de miradas inquisitoriales, ese volumen que aquél ser sobrehumano logró desorbitar.

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