UN SUEÑO PARA SOÑAR Y UN CUERPO PARA ADORAR

Al joven Ricardo le venció el sueño y se dirigió a su cuarto.
Se desprendió de la ropa, que quedó tirada de cualquier manera ante el descomunal cansancio, hasta quedar desnudo sobre las sábanas y sumido en el más profundo de los sueños.

Su amiga Veronique, se extrañó de que no se hubiera despedido y lo buscó por la casa hasta encontrar su puerta entreabierta.Con un adorable cosquilleo, se debatió entre entrar ó no entrar y mirar ó no mirar...Temblaba como el fuego de una delicada vela aromática, pero finalmente la curiosidad femenina ganó la partida y deslizó la mirada hacia el interior de la alcoba.

Allí estaba él...mmm, y aunque le miró con ternura y soñó despierta con acariciar su piel,no podía abstraerse del joven ni de su bella anatomía.Recorrió con la mirada cada centímetro de piel y se vió pronto ensortijando sus cabellos a la altura de las sienes, para seguir acariciando cuello y orejitas con las yemas de los dedos y dirigirse con respiración agitada hacia pectorales y vientre.Una vez a esa altura, se sintió deseosa de imaginar tras las sábanas, unas ingles desnudas y ávidas de placer.

El extraño sudor que desbordó sus ruborizadas mejillas,la obligó a liberarse de su gruesa bata para dejar a la vista un diminuto y trasparente camisón salmón de raso, tras el que se adivinaba su grácil figura de pechos menudos, pero firmes y generosos.

Su joven e inerte amigo, yacía con el vientre al descubierto bajo la sábana de seda, dejando entrever que algo se abultaba o incluso parecía moverse...La Dama lanzó un suspiro entre asombro y curiosidad, que se siguió del deseo irrefrenable de buscar y hallar eso que en el fondo, tanto deseaba descubrir.

Los rayos del Sol, agonizaban tras las rendijas de la persiana, pero aún penetraban perezosos en los ojos ya entreabiertos de un joven que observaba atónito y turbado sobre su vientre, la carita de Veronique y la proximidad de su sexo a los labios de la joven...
el corazón se le salía del pecho, pensando en eso que tanto deseaba que ocurriera.

Refrenó su impulso, alcanzó sosiego, se apartó de ella con lentitud y sumo cuidado, mientras cerraba amorosamente su bata para protegerla de aquél espantoso frío que ya ocupaba la tarde.Y es que, mientras se había quedado dormida sobre su amigo, tenía este que hacer lo imposible para no despertarla sobresaltada y acabar dando rienda suelta al irrefrenable deseo de poseer el cuerpo de tan adorable criatura.

Al despertar, se miraron y ambos supieron, que las sábanas iban a ser testigos de un goce eterno.Se elevó sobre él como levitando y dieron rienda suelta a una pasión alocada, mientras comía su sexo como un dulce que alcanzó la negrura de su garganta.El la besó con pasión desbordada, hasta que aquellos gemidos dieron fe de que el joven Ricardo había alcanzado en medio de un inolvidable paroxismo, la humedad deseada.

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