UN SLALOM POR SU PIEL
Descendiendo casi susurrante en ese slalom de su piel, observo formas inenarrables y de innata belleza.
Mi cabeza se atolondra, sueña, fabula, dibuja y reproduce un esbozo de lo que es un inquietante recorrido.
Sus cabellos dan sombra a unos ojos almendrados,
que reproducen el néctar y la profundidad de una mirada.
Mi boca se desenfrena y besa sin dejar detalle anatómico sin explorar,
para a continuación recitarle historias de goce infinito, mientras mis desnudas manos la moldean y acarician toda.
Mi apasionante vía crucis continúa en sus pechos,
en los que tropiezo y me despeño en el primer misterio gozoso.
En las laderas de ese monte alucinante, sobre el cual pierdo la cordura,
caigo con estrépito por segunda vez.
Sigiloso, maltrecho y ya al final del recorrido,
consigo aproximarme para sentir el húmedo rocío de su puerta.
Ya es imposible resistirse y sucumbo por tercera y última vez, antes de conocer el sabor y el aroma del manto que la cubre.
Muero finalmente de inanición y resucito en ella.

Me encantó.
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