El EXTRATERRESTRE
EROTISMO DE OTROS MUNDOS
Me gusta imaginar que soy un SER de un Universo más avanzado que este en lo espiritual y en lo tecnológico, que ha venido a este mundo humano en el que la decepción amorosa es la regla, a experimentar lo que siente una bella joven que incomprensiblemente dormita ¡SOLA en su cama!, mientras sueña con juegos cargados de un estimulante y chispeante erotismo.
Mi aspecto, el de un Caballero de las Cruzadas ataviado con un peto similar a una cota de malla, un faldón hasta media pierna, unas botas en las que quedan difuminados los extremos como si no tuvieran fin, un cabello largo que se mueve como si le azotara el viento y una cinta dorada sobre sus ojos, finamente rematada por un zafiro rojo que parecía un ojo gestado en otros mundos.
La joven yacía entre sábanas de seda y mostraba o hacía adivinar en la oscuridad de la recámara, la voluptuosidad de una anatomía que no pareció impresionar a nuestro Caballero de las Estrellas.
Lo miró tras sentir una ráfaga de luz proviniente del zafiro de aquella diadema y sintió un escalofrío intenso, que recorrió toda su espina dorsal.La mirada de ese ser era fría a la vez que lánguida, para a continuación mostrarse penetrante e intensa como para mover la lencería de la joven y dejarla evanescente y desnuda como una Diosa de un nuevo y muy lejano Olimpo.
Se sintió acariciada por unas cálidas manos que no tenían fin y que penetraban por todos sus orificios, mientras pellizcaba unos erguidos y evocadores dátiles que coronaban esos pechos chorreantes de un deseo sutil y desconocido para ella.
Mientras esperaba y deseaba ser penetrada por aquel gigantesco ser, sintió que nada iba como podía intuir por su experiencia en juegos eróticos anteriores.Se sorprendió penetrada a través de sus ojos, durante un tiempo que no pudo precisar, por un destello brutal que acabó siendo un delirio delicioso y a la vez capaz de poner tiesitos todos los vellos y terminaciones nerviosas de aquel cuerpo mortal.
Solo entonces fue consciente de que el sexo de aquel majestuoso ser venido quizás de un estrellado y lejano mundo, estaba en esa mirada que la atrapó en dirección a un orgasmo infinito del que nunca pudo salir, hasta que las luces del alba normalizaron y exaltaron de nuevo una belleza que para bien o para mal seguía siendo humana.

Comentarios
Publicar un comentario