EL PODER DEL DESEO


                                                     UNA CARICIA POR ROBAR












... Cenaron y se rieron juntos, en una velada inolvidable en la que ella se mostró como es... alegre, dicharachera y comunicativa, adorable en su esmerada educación y hermosa con ese traje veraniego de chaqueta-pantalón, que me recordaba a la genial Liza Minnelli.

Las horas tras el inicio de la cena, volaron entre pequeños y grandes episodios capaces de mostrar a esa mujer hecha a si misma en mil batallas contra la enfermedad o el orden jerárquico, el machismo de la época o las injusticias académicas... pero siempre en su sitio y sin perder la compostura frente a quien no estaba a la altura.

Llegaron las dos de la madrugada, mientras la acompañaba a su casa para intentar que su retorno fuera mas agradable y seguro.El joven miraba sus joyitas y avalorios dispuestos por su cuerpo, con ese sentido táctico que logra que unos ojos ávidos de belleza, recorran la piel de escote, cuello y orejitas, con  reprimidas ganas de una caricia robada.

Ya en su casa, la lucha entre el deseo y el respeto a la Dama, hace que se despida pero no sin volver a aspirar su aroma y besarla de forma cortés, hasta una nueva oportunidad de divertirse y soñar con ese placer de los sentidos que ella siempre representa...

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